Un sábado paraelíptico

 

La tarde de aquel martes invernal agonizaba fuera mientras él, dentro, deslizaba melodías sobre acordes de guitarra. No esperaba visitas, pero el timbre sonó.

Era su amigo Rafa, el cual había estado naufragando durante demasiados días en una vorágine de emociones, un tormento al cual nuestro protagonista parecía ser ajeno, por ello a los ojos de Rafa él era lo más parecido a un bote salvavidas.

Había estado todo el sábado paralizado en una elipse mental en la que aceleras y deceleras a expensas de los caprichos de la inercia que la línea curva ofrece por definición. El visitante le explicó lo que pudo antes de romper a llorar, el desconsuelo era tan intenso como lo ambiguo de la causa que lo provocaba, pero el receptor lo entendió casi a la primera, se mantuvo pensativo durante un instante y sin decir nada comenzó a cantar aquella melodía con la que había estado tonteando minutos antes de la visita. A medida que avanzaba la sucesión de notas ambos advirtieron que cada una de las tres estructuras que conformaban aquella canción se correspondía con los estados anímicos que describía el afectado. Ambos comentaron el descubrimiento, seguidamente él le ofreció rellenar de palabras aquella melodía diciendo: "Rafa, este será tu bálsamo".

 

Un sábado paraelíptico

 

Otra vez aquí
Sigo sin salir
Yo en el suelo

Si me muevo me puedo romper
Si me quedo me duele también

Qué va a quedar si curo tus heridas con aguarrás
Qué va a quedar si huyo de las mías y no se van

Cuánto va a durar
El color cristal
Que desgarra

Lo que queda de lo que seré
Lo que espero la espera me dé

Qué va a quedar si curo tus heridas con aguarrás
Qué va a quedar si huyo de las mías y no se van