Restos de poliurea

 

De todos los defectos de ejecución que se enumeraban en aquella hoja de comprobación hubo uno que le llamó especialmente la atención, se trataba de los restos de poliurea que presentaba la carpintería metálica en los bajos comerciales de aquella obra inmensa, sucia e impersonal. La poliurea lucía ante él un tono amarillo anaranjado que impregnaba el marco de las ventanas, no debería estar allí, pues era un protector a la abrasión destinado a las estructuras metálicas del edificio.

Analizando aquel error de ejecución se acordó de ella, y de cómo en un tiempo ya lejano parecía haber sido rociada de poliurea por error, como la carpintería manchada que tenía ante sus ojos, convirtiéndose en un muro de carne y hueso resistente a todo el calor que él pudiera irradiar. Tras un momento de reflexión anotó mentalmente su preferencia al dolor antes que a la indiferencia.

 

prelación de documentos

 

Alza tu voz, por favor,
No me dejes sin nada
Es como entra mejor; con dolor
Si me duele se quedará

No sirve de nada
Que sigas callada
La sangre que cae al suelo ya no te entretiene
La misma que da mi cuerpo.

Alza tu voz, por favor
No me dejes tan solo,
Quiebra una cuerda vocal, que al besar
Tu veneno no matará

No queda salida
Si sigues dormida
La sangre que cae al suelo ya no te entretiene
La misma que da mi cuerpo.