Los sofás de mis amigos

 

Eran tres en el coche ranchera, llevaban tres días de viaje y habían estado en tres ciudades diferentes.

El primer día durmieron en el suelo del salón de los amigos de Amarillo, y utilizaron los cojines del sofá para tumbarse.

El segundo día durmieron en la casa deshabitada de la abuela de un amigo, los colchones estaban en el suelo y los muebles eran casi inexistentes pero lograron beber el suficiente alcohol como para sentir frío sólo al amanecer.

El tercer día durmieron en la casa del sofá verde.

Cuando despertó todo estaba en calma, la gente seguía dormida y los vasos usados plagaban la mesita del salón, sólo se oía el sordo chasquido de las teclas de un ordenador, sólo de vez en cuando y manipulado con suavidad. Lo provocaba la figura humana sentada en el otro sofá, inmóvil y silenciosa como una parte más del mobiliario resultó ser uno de sus compañeros de viaje, Marrón, ya despierto minutos antes.

La mañana fue pasando y alguien cogió la guitarra, mientras el agua hervía dos habitaciones más allá aquí las melodías se iban sucediendo, uno a uno los demás iban apareciendo por la estancia. Unos sonreían, otros se estiraban, otros cantaban, otros fumaban, otros se dejaban bañar por el sol en la terraza, algún temerario miraba la tele de reojo, otros elaboraban alimento para los demás, y tras esos tres días de guerra Azul se sentó, miró a su alrededor, y sintió paz.

 

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Al llegar a su hogar
el mundo es más sencillo, el tiempo da un respiro
Empezar, con la paz,
acabar la mañana cantando en la terraza

Una melodía brutal que me saque del bache
No sería tan especial pero que nunca me falte

Bailarán, cantarán,
y de las cosas malas no quieren saber nada
Sonreirán, brillarán,
y para que tú sueñes tienen un sitio siempre

Una melodía brutal que me saque del bache
No sería tan especial pero que nunca me falte

Déjame el sofá, yo sé qué hacer con él
Se devolverá lo que tú me das de más.

Los sofás de mis amigos