La Buhardilla

 

Era un cuarto piso sin ascensor. Para tender la ropa tenía que tumbarse en el suelo y sacar medio cuerpo fuera por la ventana de barrotes cortados que descansaba a ras del suelo del salón. Para fregar los platos necesitaba abrir las piernas o doblar el espinazo de forma extrema para que el techo no atacase su cabeza. Sólo se podía duchar en las dos direcciones de un mismo sentido pues dos vigas del techo impedían el giro mientras estaba de pie. El techo abuhardillado impedía mirarse en el espejo u orinar erguido. Por las mañanas correteaban insectos por el suelo. Para hervir necesitabas cuarenta minutos de tu vida.

Dentro esperaba un amigo dispuesto a ayudar. Por la tarde el vidrio de la ventana teñía la luz interior de amarillo. Tenía la certeza de que aquel era su camino, y mientras lo estuviera recorriendo la magia haría que lo demás no importase.

 

El Golpe

Sube al cielo en escalera, llega hasta el umbral
Puedo ver lo que esa puerta es en realidad

Dejaré de tener el pasado en la retina
Cambiaré para bien todo lo que nos derriba

Ven a ver a la buhardilla todo lo que tú me pidas
Hago de la luz del sitio colorido mi camino

Las cucarachas saludan riendo
Todo lo que soy es todo lo que tengo
Chinches y pulgas se turnan mi cuerpo
Todo lo que soy es todo lo que tengo