El Perro del Vecino

 

Todas las noches de otoño el mismo canto desesperado, ladrido tras ladrido entonaba su soledad para todo el vecindario. La gente, como es lógico, quería descansar y que los dramas ajenos no le salpicasen así que los vecinos de aquella comunidad acomodada movieron ficha y comenzaron a drogar al animal, calmantes e iniciadores del sueño para que su mente dejase de pensar, para que su cuerpo se silenciase, para que la paz inundase las noches.

Pero una madrugada se colmó el vaso y la Guardia Civil irrumpió en este triste relato. Su dueño prometió que no volvería a ocurrir, y así fue, no volvió a ocurrir.

Las noches se sucedieron una tras otra y los habitantes de aquella comunidad comenzaron a olvidarse poco a poco del asunto. ¿Qué fue de aquel perro? preguntó alguien al llegar la primavera. Las bocas no supieron responder, las bocas no querían responder, las bocas no tenían por qué responder.

 

El Golpe

Por las noches Orfidal para no pensar demás
Él sabe muy bien que está muy mal
Sueña con lo que hay detrás de la vaya de su hogar
Él conoce bien la soledad

Es igual que yo; ladra de dolor
Va hacia la pared sin saber por qué 

Si va bien él sale de la cueva y cuando
No le ven se tumba y se alimenta de la
Revolución del corazón

Déjale que ladre lo que quiera para
No perder lo poco que le queda de la
Revolución del corazón

En su casa de papel no es bonito ver llover
Él sabe muy bien que está muy mal
A lo lejos ve jugar al amor de los demás
Él conoce bien la soledad