La literatura de la electrónica
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Se miraron a los ojos durante unos segundos, ya sabían qué había detrás pero no dijeron nada, el desequilibrio de voluntades se había hecho latente en demasiadas situaciones, los esfuerzos de cada uno eran de intensidades desiguales, y lo que es más grave, tiraban en diferentes direcciones. Cuando siendo niño se colaba el balón detrás del muro del patio de recreo y alguno de los otros niños escalaba y miraba detrás se creaba una expectación máxima, cabía esperanza pero todos sabían que la mayoría de las veces el balón nunca se recuperaba, esta vez cuando el niño del muro dijo a sus compañeros "Oh... tú... que mal", el niño a sus pies sin dejar de mirarlo respondió "¡Eh!... ¿qué ves?"
¿No ves que siempre pasará?, Tú osas dispararme con lágrimas de hielo y de metal Yo soy igual que los demás Tú sabes que mis vicios son muros quebradizos de cristal Retumba en mis oídos: “¿Aquí es dónde queríamos estar?”
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