Dios verdadero

 

Azul se sentó en su escritorio y empezó a repasar aquellos últimos días de reunión familiar. Pensó en sus hermanos, gente normal luchando por cosas normales a los que, inevitablemente, Él preocupaba. Pensó en sus padres, aquellos seres invencibles que, desde que él vivía, habían contado siempre con su poder omnisciente y benevolencia, y que ahora pasaban por una crisis de Fé y no estaban del todo cómodos con la situación. Pensó en su abuela y en su devoción por la Iglesia de su barrio, justo antes de darse cuenta de que casi todas las conductas profundas que de ella conocía habían sido guiadas por Él, y no por el tipo crucificado del que siempre hablaba. Pensó en sus amigos, que en mayor o menor medida, por unos medios o por otros, concentraban sus esfuerzos en llegar a Él y a su misericordia. Pensó en los revolucionarios que él conocía, llenos de grandes intenciones para luchar contra esa Fé que nos desbordaba, pero luego pensó en sus puestos de funcionario del Estado, en sus coches y en sus casas. Luego pensó en él mismo y ni siquiera hizo el intento de buscar una grieta en el imponente muro que levantaba su Fé, ni una fisura a la que agarrarse para no caer otra vez dentro de la parcela que esa misma Fé nos delimita.

Cuando salió del letargo de su reflexión bajó la mirada hacia la pantalla del ordenador y siguió configurando su cuenta de Paypal.

 

Los sofás de mis amigos

 

Me levanté pensando en él
Pude dormir cuando le vi
¡No!, no es siempre el dinero mi Dios verdadero

Creyente yo, creyente él
Hasta mi madre tiene Fé
¡No!, no es siempre el dinero mi Dios verdadero

Llevo su cruz siempre detrás
A veces le pido un poco más
Pierdo la fé, viene y se va
Hágase pues su voluntad.

La guerra espiritual
Se libra en la realidad
¡No!, no es siempre el dinero mi Dios verdadero

Llevo su cruz siempre detrás
A veces le pido un poco más
Pierdo la fé, viene y se va
Hágase pues su voluntad.