Desnudito es blanco el sol

 

Creía haber apuntado bien el número de la habitación de aquel enorme edificio. Los hospitales nunca le habían gustado, al igual que ocurre con las oficinas son lugares en los que al entrar lo primero que piensas es en salir, o al menos es lo que a él le ocurría cada vez que cruzaba las puertas de alguno de esos lugares.

El ascensor era amplísimo, ideal para meter seres humanos en la oportuna horizontalidad inherente a la arbitraria enfermedad grave que les consumiese. Al salir de él paseó por un hall también amplio donde otras personas con otras historias se cruzaban con él sin reparar en su presencia, en los hospitales la gente es invisible. Entró en un pasillo y comenzó a otear las puertas a izquierda y derecha. Cuando encontró el número indicado giró hacia la derecha y entró en la habitación, sin imaginar ni por un momento la luz que había dentro.

Entonces le vio recostado en la cama, los rayos de sol entraban decididos por la ventana, chocaban en su tez tiñéndole la piel de un blanco puro y brillante, y creaban a su vez una abrumadora sensación de paz en el lugar. Rodeándole permanecían firmes dos ángeles mortales que velarían por él, pasara lo que pasara, durante el resto de su vida.

 

Desnudito es blanco el sol

 

Vino mayo y despertó
Desnudito es blanco el sol
Hay dos en el hospital
Con su mundo a regalar

      Uh… ah… no te preocupes por nada
Uh… oh… hoy van a salirte las alas

No dejó de sonreír
Nunca al menos para mí
Cómo iba él a pensar
Que hay dos más para luchar

      Uh… ah… no te preocupes por nada
Uh… oh… hoy van a salirte las alas
Uh… oh… que cabecita la tuya
Uh… ah… a base de besos se cura