Chinches

 

Cuando llegó a la nueva ciudad el sol era radiante, la perspectiva era victoriosa para los ojos duchos en el arte del cálculo y la esperanza, pero lejana.

Cuando entró por primera vez en la buhardilla de su amigo le pareció el mejor lugar del mundo, pues lo era, era su lugar, y era su camino. Tras dormir una semana allí y aclarar unos asuntos volvió a su ciudad para atar los últimos cabos y así poder trasladarse definitivamente. Estuvo jugando y creando entre las cajas de la mudanza, feliz hasta que una madrugada se despertó del dolor y la desazón. En su piel cuarenta y ocho picaduras explotaban sin pausa, metió las manos en hielo e intentó recordar qué había ocurrido. El colchón donde durmió una semana antes no era nuevo, y aquel barrio no era limpio. ¿Entonces ocurrió de verdad? Era cierto el cántico que oyó en sueños aquella noche en casa de su amigo, cuando una Chinche gorda y astuta le vio acostarse en su jardín, se subió a su oreja, y no sin antes llamar a sus amigas le cantó al oído:

 

Chinches

Voy detrás de ti
Deja que les diga a mis amigas que hoy hay fiesta en el jardín
Es nuestro colchón
Esta es nuestra casa y quien descansa es bajo nuestra condición

Ven aquí, duerme tranquilo
Todo lo que pido es diversión

Échate a dormir
Mientras te arropamos nos labramos con tu sangre un porvenir
Es tu redención
Nosotras te enseñamos que las cosas pueden ir mucho peor

x

Alimentación
Es lo que comemos, lo que somos va en la misma dirección
Hoy descubrirás
La fiesta intravenosa más jugosa que cualquier actividad

x

Interconexión
Ahora llevas dentro algo nuestro y nosotras tu sabor
Otra decepción
Toda la armonía que sentías era pura distracción

Deja que los días pasen
Mira nuestro arte en erupción

Viene la luna, y hay comidita, todas juntitas, en fila india.


Me dan de lleno…

Mar, que el mar, que el mar me lo decía
Que la salida va a ser sólo la deriva.